El catarismo no solamente es la única forma de espiritualidad de Jesucristo sino también ofrece un tipo único del hombre. La espiritualidad divina estaba cerrada para los no iniciados. Los Cátaros nacieron del círculo de Hombres Buenos agrupados en torno al Sagrado Grial. Emitían una luz celeste. La gente se preguntaba: “¿Quiénes son? ¿Cómo es que los angeles se habían encarnado en los humanos?”
Efectivamente, muchos Cátaros, dotados con los ascendidos cuerpos divinos, sabían “dematerializarse”: es decir, ascender a los cielos y regresar al mundo. Se hacían las transfiguraciones divinas. La duración del tiempo terrestre se perforaba: el tiempo se iba, se olvidaba. No había muerte. Nunca llegaba la vejez. Los difuntos auque hubieran fenecido en las cuevas de Grial exhalantes de mirra, resucitaban, venían y enseñaban en sus cuerpos divinos.
La ascensión al Montsegur por el camino del amor
En Montsegur se representaba sin parar el misterio de Grial: iba naciendo el Reino de Cristo dentro de la capital de los Cátaros, la Montaña Alta.
El Grial estaba formando el tipo de hombre nuevo: hombre cándido; una familia nueva – la familia pura de los Perfectos, en el Espíritu Santo, de los de pakibitiye*, ungidos con mirra. Un nuevo ideal era divinización. Los nuevos habitantes eran los cándidos.
La bondad sobrenatural se alcanzaba no solamente carismáticamente o por el efecto de las emanaciones del Sagrado Grial. Se precisaba un continuo trabajo de formación de cada uno.
Aprendían no tanto con los libros como con la santidad de cada uno. La sagrada bondad del Santo Cáliz y la creación de un hombre nuevo pasaban de uno a otro. Era imposible no imitar tal perfección. Conquistaba por su espiritualidad. Desaparecían las intenciones malévolas, pasiones ruines, imanes familiares y programas fatales.
El Salvador fundó una escuela de amor en Montsegur. La fuerza de amor tenía que estar por encima de cualquier otra práctica espiritual, como penitencia, transfiguración o hazaña interior.
El Salvador trazó en Montsegur el camino de amor de siguiente manera:
(I) ver a Dios persignados por el Espíritu Santo,
(II) renunciar la naturaleza vetusta para la obediencia en la Iglesia de los santos,
(III) votar la virginidad, fraternidad, intrepidez, obediencia, miseria, imitación de Cristo, ascendencia interminable, Consolamentum,
(IV) pasar por la batalla con el diablo,
(V) vencer, en sí mismo, a un hombre vetusto y a siete enemigos suyos,
(VI) utilizar unicamente el lenguaje del amor, la sabiduria y lo apasionado,
(VII) siempre aspirar más sin satisfacerse con lo ya alcanzado y (VIII) a su hora ser exhortado a la hazaña (para lo cual había que prepararse y esperar su hora).
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*pakibitiye - otra existencia, el Reino del Dios en la tierra
La transfiguración cátara
Ninguna otra metanoia (transfiguración), incluso ascética, la de los santos padres ayunando en los desiertos cálidos, no se alcanzaba tan rápida y facilmente como la catariana.
Había única limitación (ascetismo, voto y mandamento) – del amor. Al aceptarlo las almas se acostumbraban al nuevo espacio y vivían un auge extraordinaria a pesar de los incrementados pesares y batallas.
La oración volaba. Dios no cedía a pesar de las adversidades y las crisis aparentemente exteriores. El alma hallaba paz no accesible de otra forma. La Anunciación se hacía fenomenal. Se iba descubriendo un espacio aún no roturado por el hombre. Y se deseaba entregarlo a cuanta más cantidad de almas para que entraran también en la alegría espiritual del Consolamentum interminable o el vuelo del aguila blanca (en el planeo del Espíritu Santo).
Los Cátaros derrotaban al enemigo por el hecho de no acudir a las armas. Ellos no tenían miedo de nada, sabían que la cima del camino del amor era la gran hazaña y estaban esperando su hora. La hora llegaba cuando era predestinado, no antes ni después.