“SANTO” DOMINGO,
O
EL SUEÑO TERRIBLE DE LA INQUISICIÓN CATÓLICA
Con la finalidad de castigar los santos del amor, el principe del mundo fundó el tribunal de la inquisición. El primer vivo Domus Inquisitionis (domicilio de la Inquisición) divino fue el monje castellano Domingo Guzman.
¡Un personaje remarcable! Un esclavo fiel, siervo y apologista de Jehová-Rex, Cristo-Rex, Pedro-Rex...
No puedo encontrar otra comparación para una especie de biografías dulzarronas compuestas por los biógrafos de la inquisición, que la “Historia de la ciudad Glupov” de Saltykov-Shchedrin. Por ejemplo: el padre neurótico Félix con el complejo del fallido celador parroquial. Ajeno al mundo y hermosamente leal a la iglesia católica. Su pasatiempo preferido es palpitar. Estaba en parentesco lejano con los obispos locales.
Los sueños de Juana
El cerbero antiguo, según se sabe, era un monstruo con tres miradas malignas perrunas. La madre de Domingo, Juana, según los biografos del “santo” católico, tenía la visión siguiente. Ella ve como lleva en sus entrañas un perrito, y como él con ladrido constante se hace recordar. Un pequeño cerbero. Aún en las entrañas de su madre, se manifiesta como “Rex”. Sólo utilizando la conciencia pervertida de los monstruos inquisitoriales se puede explicar estos rasgos biográficos: una propensión anticrística a guardar rencor, condenar ya en las entrañas de la madre. “¡No deis lo santo a los perros!” – decia Cristo sobre ellos.
Luego apareció otra visión: la partera recibe de ella un chico obeso con mirada vaga, y tal enciende todo el mundo con su candil (¿con la hoguera de la inquisición?). ¡Un grado clínico de la fantasia patológica! La primera hoguera inquisitorial fuera encendida por el... aún en el vientre de su madre (!).
Es que Juana ve su tercer sueño. “¡Félix!” – se apresura por compartir con su piadoso consorte. – “Veo: como una después de la otra se encienden las velas. Las caras iluminadas. Es nuestro chico que ilumina el mundo con la fe de Cristo.” Juana veía a las hogueras inquisitorias ardientes. Tenía que hacerse madre del más grande entre los apóstoles del príncipe de este mundo, del ben-elohim encarnado Domingo Guzman.
Y como ocurre a los que siguen los estatutos de la ideología de escribas y fariseos, el joven Guzman se licenció en la Universidad de Salamanca . La compañia de camaradas no le gustaba, les evitaba. Dormía sobre las piedras, en la tierra desnuda. Luchaba con las pasiones. Clavaba la nariz en las obras de Joannus Cassianus (De Institutis coenobiorum, «Las instruciones para la perfecta santidad»)...
¿Pero qué significado tenían, además de la neurosis y el deseo de librarse del inicio demoníaco, del demonio más horrible que poseía el joven Domingo, estos esfuerzos fanáticos del ascetismo en relación a sí mismo? En las biografías de Domingo (que son en gran cantidad en los archivos inquisitoriales) no hay ninguna palabra sobre el amor de Domingo hacia Dios.
El ladrido interior, oído ya en las entrañas de la madre, va continuando su resueño. Domingo, como dice Bartolomé de Trento (uno de su biógrafos), estaba dispuesto a “despedazar su cuerpo por su celo y amor hacia la madre-iglesia”. Era listo, para utilidad del instituto cristiano, sacrificarse, venderse esclavo, si lo necesitaban.
El desgraciado neurótico gentilicio identifica la iglesia con el rexmundismo romano y cae en la ilusión habitual de los fanáticos católicos: en una tentativa de librarse del inicio demoníaco sin cortar la raíz interior del pecado, del prínicipe del mundo. No adivina el santo católico que su carne es por su origen, del diablo. Que el príncipe del mundo tiene un poder absoluto sobre él, en persona del “Domicilio de los inquisidores” que le soporta, el instituto católico de los canes-cerberos.
El taumaturgo de la institución
Se difundían rumores de sus milagros. Uno de ellos sería un ejemplo que dignamente atestigua la cara del “taumaturgo” y de su institución.
Una muchacha joven deseaba hacerse monja, pero la casaban por la fuerza. En la oración de noche ella recurrió al “santo” Domingo que fue un celoso amador del ascetismo monastico. Y poco antes del casamiento fijado en la iglesia, se despertó con cara afeada que recordaba una jeta de cerdo con los labios vueltos al revés, inyectados en sangre...
El novio tenía que rechazar la boda, y la muchacha desgraciada – entregarse a una prisión-comunidad dominicana para la obediencia eterna a la vieja superiora, firme y rexmundista.
...Esta historia más significativa es digna de la pluma de Nicolái Gógol, de Saltykov-Shchedrin, o de Andrei Platonov, el profeta del GULAG comunista (su novela “La excavación”).
No tenían los cátaros más que llamar a Cristo, y la hermosura del semblante del Señor descendía sobre ellos. No tenían las mujeres-mirróforas cátaras más que llamar a la Purísima Virgen, y sus rostros se explandían con la perfección eterna y virginal, se difundía en ellas, en sentido directo, la fragancia de la virginidad.
La evocación del “santo” Domingo ha imprimido los sellos espirituales de la institución romana – los monstruosos... en la cara de la elegida romana.
La multitud de las neurosis profundas sexuales fue la causa predominante del recurrir al fanatismo ascético romano, la base espiritual de la venidera alegría tortural, la causa recóndita y universalmente objetiva del sadismo católico.
Los discípulos de Domingo se obstinaban en hiberbolizar que el “padre santo” podía, según su juicio, cambiar los miembros del cuerpo humano, con todas las partes genitales, íntimas . Un hecho extraordinario que muestra la suceción directa de los ben-elohimos que tenía el “santo monstruo”. En verdad, en los planos de Lucifer estaba reemplazar lo masculino por lo femenino y lo femenino por lo masculino.
Un joven español, según la crónica dominicana, fue así muy meditado por su madre católica que nacía con el organo feminino. “La pobre mujer” (una sodomita que ha “devorado” con sus meditaciones el miembro masculino del propio hijo) recurrió en sus oraciones al “Sandomingo”. Y a la mañana siguente – ¡atiza – su pobre chico se despertó con el miembro masculino!
No voy a contar más “milagros” semejantes. Me abarca un terror eléctrico. Inventar esto sólo se puede en un sueño horrible y describirlo sólo podían los eminentes satíricos rusos.
Un perrito se convierte en un cerbero terrible
Desde su infancia, Domingo acostumbraba a estar literalmente en el espiritu institucional. No buscaba obtener el Espiritu Santo, ni tampoco el espiritu del amor, sino el celo ascético institucional: desgarrar la propia carne, despedazarla. Estar listo a hacerse Domini canus (el can del Señor): desgarrar su carne sólo para poder desgarrar luego con la conciencia limpia, con sus quijadas rencorosas la carne del prójimo.
El autor católico preferido de Domingo es Agustín. No se separa con la “Confesión” del padre de la inquisición mundial, deseando poner en práctica sus ideales.
Un pequeño perrito prenatal se convierte en un cerbero terrible. Paso a paso, “un santo humilde y blando” se colma de una fuerza demoníaca. Rex mundi le inculcó un deseo de “amparar la verdad contra los herejes”. Su ladrido obtiene el gusto de las lenguas de fuego.
Imperceptiblemente, bajo la influencia de Agustín, Domingo necesita de las medidas severas y represivas.
Los sueños sadistas
A Domingo se le aparece el mismo príncipe de este mundo, el mismo diablo en la persona de Dios Jehová. A la derecha del Malvado (dios-padre), “colmado de ira justa”, se sienta el hijo. Su cara está alterada por una mueca terrible. “El Salvador” está colmado de ira e irritación.
Frente a él hay muchedumbre de millones de pecadores. Se inclinan hermosamente en oración rezando para el perdón de los pecados. ¿Qué le contesta Cristo en esta versión rexmundista? ¿Acaso el Señor, el más misericordioso, indulgente a las debilidades terrenales, no podría estar tocado por el arrepentimiento de los pecadores? ¿Qué se encuentra, a vuestro parecer, en sus manos? ¿Acaso el cetro de la misericordia?
En sus manos hay tres lanzas. Con una de ellas él está dispuesto destruir los orgullosos, con la segunda – los avaros, con la tercera – los libertinos. ¡Pena de muerte! Ellos son dignos solo de ella. Cristo se aparece al padre del Domicilio de los inquisidores como el Verdugo universal.
La parodia del Evangelio
¡Que esté lejos, este sueño de pesadilla! ¡Mejor es no nacer en este mundo, si Dios es así, Él es el Malísimo de los malos! ¿Dónde, en que templos idolatristas infernales, habeis visto tal divinidad, quien podría, viendo el arrepentimiento profundo de los pecadores, tramar una pena mortal contra ellos?
No conozco nada más extraño y significadamente maligno. ¡Vale la pena tener vergüenza de tal sueño! Tendría que llegar a la confesión y decir: “¡Mi Señor! ¡Soy malvado, si al Buenísimo de los buenos Cristo lo veo un monstruo semejante, que se sienta en el Trono con las herramientas de tortura y muerte en las manos!”
¡Esto sí que es la parodia del Evangelio!
Es que Cristo se deja atraversar con la lanza a Si Mismo, atar a la cruz con cuerdas y traspasar con clavos herrumnrosos.
Por los desgraciados quiere abogar la Virgen Purísima (en los sueños católicos Le han concedido el papel de la Intercesora para la misericordia hacia los decaídos).
“¿¡Cómo!?” – Le contesta Jesús el Pantocrator. “¡Mira, cuanta mentira hicieron ellos! ¡Mi justicia no soportará tanto mal impune!”
El catolicismo asimila un solo lenguaje jurídico: el del pecado y del castigo, extremamente ajeno al Dios verdadero y a Su Cristo. “El mal no puede quedar en la impunidad”, - en el lenguaje jurídico contesta Cristo al “abogado”, a la Madre Divina.
¿Qué consigue entonces contestarle, la virgen rexmundista? ¿Es que ella le recuerda el amor infinito? ¿Es que ella muestra a su genio-juez mal y poseído, que en cada pecador hay el inicio bueno, santo e inmaculado? ¿Que el pecador hizo un pecado porque es débil y que en él se oculta la divinidad? ¿Que él cayó por la falta de amor?
El Rex continua su trabajo sobre el “elegido”. La Santísima Virgen contesta:
“Yo reconozco el siervo fiel, a quien tú mandarás al mundo,. para que pueda anunciar tu enseñanza.”
Con estas palabras, María católica acerca a Cristo-inquisidor el monje joven. Y el discípulo soñador de Agustín se reconoce en él... a si mismo.
¡He aquí quien es capaz de realizar tus ejecuciones! Encomiéndale tres lanzas y él no olvidará cumplir lo que tu deseas.
***
¿Qué se necesita ser, para poder desfigurar a Cristo hasta tal grado?
Y si tras este Cristo sigue una cola de videntes con sus visiones de la Divina Madre que pide construir “una capilla en el honor de ....”, y de Cristo que llegó para sanar al sacerdote local – ¡mejor sería una muela de molino al cuello! Un abismo infernal les abrirá a ellos: los demonios-guardianos de las esferas del fuego de gehena se quedaran hechos piezas: “No, no podemos ayudarles de ningún modo. Ni tampoco nosotros somos capaces de hacer maldades semejantes”.
Las sanciones punitivas en la Escritura Santa
Su pasatiempo favorido fue explorar las sanciones punitivas en las Escrituras Santas.
¡Oh! ¡Es Jehová mismo que habla! ¡Mirad, como Él persigue los ángeles rebeldes! A modo semejante continua Él actuando en la tierra: castiga Cain, luego a los locos de la torre de Babel. Su obra inquisitorial Él se la pasa a San Pedro (quien fue el primero que experimentó el mismo la fuerza del idolo vengativo). Los desgraciados Ananías y Safira que encubrieron la menor parte del dinero de la heredad vendida, tras de su desenmascaramiento por el llavero romano Pedro, en un instante palmaron. Nuestros archipastores romanos son los herederos inmediatos del príncipe de la iglesia! Entonces, cada uno debe actuar a modo símil.
Su padre Jehová, el Gran Inquisidor
El digno discípulo de Domingo, el monje Machedo fue quien cumplió las obligaciones del inquisidor... Padre de ellos, Jegová, el Gran Inquisidor, mandó las almas al mundo con un sólo objetivo: mortificar, castigar y sancionar. Por inobservancia de la letra de la ley y por una minima desviación sigue la pena de la muerte.
¿Oh Dios, como librarse del mundillo sofocante y hediondo? ¡Sería mejor que no llegara nadie a este mundo!
¡Qué polaridad! Para los cátaros, Dios es el Buenísimo de los buenos. El Padre del inexplicable amor. Él que toma a Si mismo, el pasional, que sufre por la fuerza del amor indecible. Para los católicos, Él “cumple las obligaciones” del inquisidor. El granito, el monte.
¡Oh, sería mejor para estos monstruos, no nacer en el mundo! ¡Qué gran profanación! ¡Qué pecado de calumnia contra el Espíritu Santo del amor indecible, de la misericordia inexplicable! ¡Qué mitologema monstruoso! Escalofríos, el frío sudor se siente brotar en la frente, pensando que la mente humana podría ser capaz de aceptar tal cosa.
Desde las cronicas aducidas se intiende la colisión de dos iglesias: la iglesia del amor, que perdona y cubre, y la curia rencorosa, el espectro infernal del príncipe de este mundo.
Antes de difamar los justos, ellos cumplieron el más grande de los pecados (Cristo lo llamó imperdonable en el siglo actual y en el futuro). Este pecado consiste solamente en lo que Dios, que no es participe de ningún mal, que dejó a Adán nutrirse del Árbol de la Vida (los cátaros lo llamaron Árbol del bien), esta manifestado como el despota malvado.
Los cátaros se horrorizaban de tal deshonor y difamación contra el Altísimo. “Los impotentes espirituales (los cátaros sobre los catos) pueden sólo guardar rencor y matar, causar miedos y repulsar las álmas santas que llegaron al mundo para el amor inexplicable.”
“Dios del Amor previó para ellos las medidas punitivas. Pero Él no les vencerá con la lanza y la espada... ¡Él les vencerá con la fuerza del amor! Convertirá el mundo con la fuerza del amor. Y a nuestros enemigos no quedará más que la soledad arrogante y el arrepentimiento.”
La profecía favorita de los cátaros – es la de la hora dulcísima cuando el Santo Grial convertirá el mundo hacia Cristo con la fuerza del amor. Tranfigurará la naturaleza humana, la cambiará íntegramente. Y el amor supremo interminable se difundirá por toda la creación.
Pero antes debe ser destronado y echado el príncipe de este mundo. Su destronamiento y expulsión se realiza exórticamente, en el campo de batalla interior.
Reuniéndose a menudo juntos, los Perfectos se entregaban a las meditaciones dichosas sobre el triunfo del Cristo del amor, cuando el mal se extingirá del mundo. Aun más y más, ellos prestaban los votos celosos de la virginidad eterna, al comprender que para extirpar al mal mundial y a su ciencia maldita de violentar, zombizar, mentir, tergiversar, torturar – es capaz solamente la pureza siempre virginal. A Ella, la Reina de la pureza, prestaban ellos sus votos. Le glorificaban en sus himnos.
La gloria de los milagros cátaros resonaba. El Señor del Grial obraba milagros.