Languedoc ardía en el fuego. Las hogueras terribles en Béziers, Bram, Aviñón dejaban perplejo a todo el mundo. Cuando se había visto, que cristianos franceses quemaran a cristianos franceses, que algo como celosos por la fe cristiana los cruzados aniquilaran aldeas y ciudades… mientras más celosos, más santos.
¿Qué es esto, una guerra de santos contra santos? ¡Una locura! El mundo no entendía.
En el transcurso de 20 años de cruzadas Simón de Monfort quemó un tercio de Languedoc. En su conciencia lleva la muerte de más de 50.000 lucidos mártires que entraron en la boda de fuego.
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Horror y choque experimentaba el mundo, cuando los cruzados por orden de Monfort empezaron a quemar vivos a los “herejes”. Aquel en su fanatismo llegaba hasta la rabia, hasta el emborrachamiento: “No hay que perdonar a nadie. Quemar a los que no se arrepienten, a los que se arrepienten colgar”.
Francia no conoce el secreto de la victoria de los cruzados sobre los cátaros. Fuente de inspiración para el caricaturesco Napoleón de aquellos días, el desgraciado “genio militar” Simón de Monfort era su esposa Alice.
Plebeya de procedencia, buscaba ser heroina. Siendo “Juana de Arco” de diablo, manifiesta una valentía milagrosa en el campo de batalla. Lleva y trae las municiones, venda a los heridos, fortalece el ánimo de los desalentados.
El pueblo la llamaba “Alicita la endemoniada”.
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¡Que contraste más grande ene el fondo de la malvada Alice formaban las hermosas mujeres-mirróforas cátaras! ¡Como ellas verdaderamente fortalecían a sus maridos! Cada una de ellas era como Madre de Dios para Cristo. Cada uno es el perfecto ungido (cristo menor) y a cada uno le fue designado una mujer mirrófora, María-Virgen menor.
Fortificados por sus mujeres-mirróforas, juntos y tomados de la mano, morían de amor, sin sentir dolor… pués ellos ya habían experimentado un dolor tal, que ningún mortal podría soportar. Ya habían pasado los peldaños de unción a lo strastnoye (1), lo que significa que sin termino sufrían de las heridas interiores del corazón derramando sangre durante la oración nocturna menor de la co-redención.
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Cuatro castillos levantantes del Altísimo se consideraban un santuario invencible.
De acuerdo a la leyenda, en el castillo de Lastours se refugiaron decenas y centenas de los grandes de espíritu (Perfectos) después de la matanza ordinaria en Carcasona. Por caminos subterraneos desconocidos para el mundo pasaron ellos de Carcasona a los santuarios de Lastours y se refugiaron en ellos para siempre, apartándose del mundo.
Los cátaros tenían ciudades subterraneas enteras. Ellos se trasladaban en el espacio del más allá. Una muchedumbre de bandidos acosaban a otro tesoro, al Grial.
En castillo de Quertinheux florecieron las flores celestes, adornados por las cruces vivas, los Cátaros iluminadísimos...
Pierre Roger y su pequeño ejército de santos, refugiados en los castillos, valerosamente rechazaban a los ataques. Por poco, Monfort tenía el ánimo totalmente decaido.
Como siempre, por las mañanas tempranas él llegaba a las alcobas de su esposita que fortalecía a su marido. Monfort no tenía ningún Consejo de guerra.
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Monfort se considera un pequeño profeta, y a su pequeña gordita Alicita – una verdadera profeta y madre.
“Simón, yo rezaba mucho. Tuve un sueño horrible. Escucha.”
“Mi querido, el Altísimo oyó nuestro rezo y me dió esta noche una visión significativa. Toma cien prisioneros de Bram (ciudad que Monfort rendía por agotamiento) , córtales las orejas, arráncales los ojos, cástralos y trúncales la nariz. Después amárralos, como a los esclavos que llevaban a colgar y envíalos como delegación al señor Pierre Roger de Cabaret. Veremos que sucede con este hereje cuando vea este espectáculo. ¿Será esa la suerte que corran los demás herejes después que tomes por asalto el castillo? Es suficiente dejar sólo un ojo a uno de los cien prisioneros para que vaya por la dirección dada.”
“Lo que dices es una locura, ¡Quién puede soportar eso!”
“Los herejes estarán aterrados. Creéme, yo sé como vencer al indomable Pierre Roger. El es un hombre compasivo, tiene un gran corazón, aunque es un hereje. Su corazón no lo soportará, le temblarán las manos y Pierre Roger entregará la guarnicón. Ganaremos la batalla sin perdidas.”
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Empezó una matanza indescribtible, que duró más de tres días. Alice en persona dirigía la sangrienta operación. Los pobres cátaros perdían el conocimiento. Había que esperar unas tres horas mientras arrancaban el ojo siguiente o le cortaban la oreja.
La tierra sagrada de Lastours fue manchada con la sangre inocente de los mártires. Temblaban las manos de los mismos bandidos viendo como altamente sufrían los mártires. Raramente alguno de ellos daba un gemido. Y en sus rostros se dibujaba una alegria dulcísima, como que si ellos recuperasen la vista o se librasen de las cadenas terrenales, naciendo en otro ser, inapreciable nuevo y eterno.
Algunos de los bandidos se convertían y decían: “¡Yo también soy cátaro! ¡Cortadme las orejas y arrancadme los ojos! ¡Quiero ser dichoso como ellos!”. Aquí las profecías de Alicita Monfort resultaron falsas. Las multitudes se pasaban al lado de los Perfectos, viéndo los nuevos milagros del Altísimo.
Por fin, el asunto negro fue terminado. Al parecer, el espectáculo realmente era horroroso y daba la impresion de ver fantasmas o esqueletos sombrios salidos de algún subterraneo tenebroso. A los infelices había que vendarlos y ayudarlos a recuperarse ya que muchos de ellos no podían volver en si. Pero a golpes los ponían en fila como un ganado, les amarraban las manos y los empujaban con ayuda de las lanzas: “¡anda, anda delante!”. ¡Qué salvajedades es capaz de hacer el principe de este mundo!
Después de tres días de matanza apocalíptica a las 9 de la mañana por orden de Monfort partieron.
Delante de todos iba un tuerto (dejaron sólo un ojo de doscientos), pero él también se perdía llevado fuera del camino. Tuvieron que dar un mercenario de los cruzados para que lo acompañara.
Informaron de esto a Pierre Roger. Un sentimiento de dolor insoportable se propagó entre los defensores del castillo de Lastours.
El joven Pierre Roger entró en la oración. Una nube del más allá, esfera de los cátaros lo cubrió. De pronto iluminado por una luz profética, Pierre Roger abrió los ojos.
“¡Oh! ¿qué es esto? ¡pobres!” – de súbito cambió la entonación de Pierre Roger. El les hablaba de tal manera que ellos le escuchaban sin orejas y le veían sin los ojos. – “Así es el segundo Gólgota cátaro del Señor. ¿Cuántas corderitos inocentes recibirás Tú en el regazo Tuyo? Hermanos queridos nuestros, ¿acaso se puede quitar la vista divina? El maligno os ha dado los ojos terrenales y él mismo los ha arrancado. En cambio Dios dará la vista indescriptible para contemplar Su semblante indecible y Su Corazón de oro. Con unguentos de mirra untará vuestros cuerpos de martires, y el dolor pasará.”
La multitud infeliz quedó atónita y se detuvo. ¿Qué es esto? De las cuencas de los ojos brotaron torrentes de lagrimas. Los infelices fantasmas, lo que había quedado de los hombres, cayeron de rodillas.
Sobre ellos descendió el misterioso Consolamentum, el Consolamentum del Consolamentum. El más superior que es posible en la realización del sacramento ordinario o incluso el de hora suprema: el Consolamentum de los mártires. La indescriptible efusión del Espíritu Santo. Ellos a la vista de todos se han transfigurado. Cayeron de rodillas en unos cuerpos, y se levantaron en otros –hermosos, inmaculados, transparentes, livianos, airosos.
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Monfort, desde su refugio observando la escena, embruteció de coléra. Parecía que un minuto más ocurriría lo incorrigible: El arma caería de las manos de sus soldados, el ejército definitivamente perdería su espíritu de lucha y caería.
“¡Corred y apuñaladlos!”
“¡Tenemos miedo!” – gritaban los soldados.
Entonces Monfort se lanzó al ataque primero. Apenas se veía como trabajaba su puñal inmolando los corderitos. Por fin, ya sin fuerzas, el bandido fue llevado por sus fieles fuera del lugar del sangriento matadero.
Parece que a el solo le tocó acabar con todos los mártires cátaros. Nadie a exepción del “excelente señor” se atrevía a tocar a los santos – ¡tan felicidad noble de mirro y aromas celestiales se difundían alrededor de ellos!
Los desfigurados cátaros no se iban a ninguna parte. Ellos se quedaban en los cuerpos transfigurados. Los lazos de cuerda caían de ellos, y ellos uno tras otro se seguían en los castillos de Lastours, a unirse con los valientes guardias del señor Pierre Roger de Cabaret.
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Muchos, un tiempo después visitando los castillos de Lastours, escuchaban en sus alturas una música indecible. ¡Oh! era el solemne Requiem Aeternam en honor a los santos nuevos mártires de Lastours... Por otra parte, la mayoría de ellos consiguió refugiarse en los pasos subterraneos de las ciudades subterraneas del Grial de Languedoc. Hasta hoy día nadie sabe nada de ellas. ¿No estarán refugiados allí y hasta hoy día los Perfectos de Cristo? ¿Acaso no por caminos subterráneos y aéreos especiales visitan ellos el mundo y lo dirigen, anunciando la venidera gloria de la iglesia del amor y el triunfo del Cristo del amor?..
P.S.
Los frutos de los tres ayunos de cuarenta días al año verdaderamente fueron grandiosos. Los cátaros andaban en otros cuerpos y exhalaban fragancia. El espacio terrenal no representaba para ellos barrera. Ellos se transportaban por aire, construían ciudades subterráneas. Proclamaban la sabiduría del Altísimo, revelada para ellos desde el cielo. Ascendían por escaleras de fuego a los mundos superiores y regresaban enriquecidos con la última gota de la comunión mística. No había necesidad de arrastrarse por semanas a caballo o ir despacio al santuario.
El Grial convocaba sus concilios. Con la luz celestial se iluminaban los Perfectos. El Grial los reunía alrededor de una mesa redonda, este era el altar del universo. Los Perfectos ya no sabiendo (como el apóstol Pablo) en que cuerpos ellos estaban (2) – celestiales o terrenales – quedaban inmóviles en un rezo contemplador con las manos extendidas y el espíritu elevado al cielo.
Las casullas negras se las ponían sólo los arrepentidos, los novicios, los credenti. Los Perfectos llevaban ropas blancas, ceñidas con un cordón blanco. Sus semblantes eran hermosos como el último de los reyes del Grial, Bertrand Marty. Este heredero de Gilbert de Castres, después del retiro de este profeta perfecto encabezó el concilio de la iglesia cátara. El fue el primero en la procesión de los Perfectos de Montsegur a la hoguera en el año 1240.
¡O, qué procesión más indescriptible! Los ángeles les daban las velas. Cristo iba a la cabeza y doce ángeles (seis a la derecha y seis a la izquierda)... detrás de cada participante de la Boda de Fuego. Con caras inquietas iban al festín Nupcial del Altísimo y se tranquilizaban entre el rocio matinal fresco en las alcobas nupciales...