*segun el libro del beato Yohann
“La Iglesia del Amor (Els cátars sants i els heretges romans)”
El hombre está llamado para entrar en el fuego del amor. Un nuevo mandamiento fué dado por Jesucristo en Montsegur: el del fuego del amor.
¿El hombre se descubre en el amor! ¿No hay nada que no sea amor! El amor nos brinda la vida, el diálogo, la alegría, la paz. El amor siempre tiene razón y es siempre virgen. No puede ser juzgado ni atraído por las promesas del diablo.
El ambiente de amor atraia a las personas. “No hay ni habia tal amor en la tierra. ¿Dónde nos encontramos? ¿Acaso entre los olímpicos?”
El amor de los perfectos
“Viven en el amor y lo creen su secreto maná, su fuente de alimentacioón. Sus miradas estan llenas de amor y ofician en el amor. Se aferran a él en las pruebas duras diciendo: es de cuna celeste. Es nuestro candil interior, nuestro Consolamentum. El único consuelo para los pobres terrestres. El camino de retorno del malvado principado terrestre a travée las puertas del amor no mundano”.
“Nuestro amor es el signo de la victoria sobre el Dios ajeno” ( asi los cátaros llamaban al principe del mundo).
La fuerza del amor de los Cataros
No había antes un amor semejante en la tierra. El lenguaje del amor se declaraba universal. La medida del amor era la única. El amor era el único punto de partida.
Hasta la sublevación, la expulsión del Rex Mundi se realizaba por fuerza del amor. La curación, la eliminación de los pecados por un profeta, un obispo, un cátaro Perfecto era únicamente por fuerza del amor.
El “Perfecto” significaba perfecto en el amor. “Puro” – que vivía en amor virgen.
La tarea de los Cátaros era aprender la lengua del amor como la única y superior al lenguaje diabólico del mal y de la violación. Pero el alma debía por su propia voluntad llegar a entender la predominancia del amor sobre lo demas. Tenia que alzar un sólido altar del amor, ayudada por el cetro del amor de nuestro Supremo que era la cruz cátara.
La oración tiene que realizarse sólo por fuerza del amor. La ascensión, la gracia de Dios y los signos del Espíritu Santo – todo está en el misterio del amor.
Los Cátaros no se podían permitir nada además del amor. Veían sus posibilidades ilimitadas. El amor es eterno, perenne, circulante (de boca en boca, de corazón a corazón). Sabe alcanzar las alturas celestiales y dominar las cumbres invencibles.
El potencial interminable
El amor para los Cátaros era música del Reino. Les ofrecía perspectivas infinitas. Hablaban de su enorme potencial.
La senda mas recóndita y menos investigada es la del amor. Esta llena de fieras salvajes y enemigos esperando a su presa. Pero a la hora de abrir sus puertas triunfales el alma esta en la gloria: ¡Aleluya!
No hay nada mas fuerte que el amor. La ultima razón del Creador y su obra consiste en el amor: el Padre queriendo a su hijo, y el hijo queriendo a su Padre.
El tema preferido del Salvador era contar sobre su Padre. Los Cátaros se enternecían al conocer lo grande que era el amor del Padre. “Padre, - preguntaban al Salvador. – ¿El Padre nos quiere igual que a Ti?” “Si. No hace diferencia entre vosotros y Yo para lo cual bendice la Eucaristia del Sagrado Grial, llamandolos sus nuevos y eternos alumnos, Cristos menores. A su hora os llamaré ascender a Mi trono. Mi Reino son millones de Jesucristos menores. En Mi Reino no hay ninguno quien no sea Cristo menor, quien no lleve el signo de Mi espiritu”.
Jesucristo - el amor personificado
Jesucristo para los cátaros fue amor personificado. Si, los queria locamente. Pero tenía algo más que el amor a los discípulos.– un amor personificado, inaudito, imposible, superior a si mismo.
¿Como les enseñaba? Entraba en ellos (eucariísticamente o de otras maneras) – y se cambiaban.
Les explicaba que todo era en vano sin amor. Y, además del amor, los ascendía a las esferas secretas del hombre así como estaba ante los ojos de Dios así como estaba ante los ojos del hombre puro. Los quería por la pureza de sus miradas. Los llamaba cátaros (puros) porque sabían ver a Dios asi como era, sin encubrimientos, sin lentes y entendian como los veia EL.
Montsegur se ahogaba en la luz de su amor y los discípulos se envolvían con su espíritu. Fué un milagro: los Cátaros no se reconocían uno a otro. En cada uno vivía Cristo. Mientras que el Salvador continuaba: “Llenaos de Mi amor. Es mi don a la humanidad. Aspirad mi amor. Amad con mi amor”.
El Salvador ensenaba en Montsegur sobre el poder del amor. Los conducía a Su trono por la oración a través de las puertas del amor. Y se quedaban admirados, con las manos levantadas, al ver el poder que tenía el Salvador sobre sus almas. Aprendían a transformar el mundo dentro en si mismos, en la oración. Y su oración conquistaba millones de almas...